• Samuel Prieto Rodríguez

La Tercera Edad de Oro de la TV y el Impulso Oh My God


Son una verdadera molestia y lo peor es que se vuelve cada vez más difícil librarse de ellos con tantas redes sociales y formas de comunicación inmediata. No falta el insensato, insensible, que nos devela el final, un punto climático o un cambio radical en la trama de una serie cuando apenas hemos visto el episodio 5 o 6.

El prestigiado antropólogo canadiense Grant McCracken ha estudiado este fenómeno a partir de las nuevas maneras en que las personas consumen contenidos audiovisuales. Ahora, los servicios Over The Top ponen en línea todos los episodios de sus estrenos propios en un instante.

El investigador, conferencista y profesor en la Harvard Business School y el Massachusetts Institute of Technology, conocido por su trabajo con grandes firmas como Coca-Cola, IBM y Chrysler, se fue al fondo en el tema de la función de los spoilers en la sociedad global. "Saber algo que los demás desconocen sobre una serie es tener poder sobre ellos, algo así como decir ‘yo vivo en el futuro al que ustedes esperan llegar algún día’”, explica.

Se trata de un producto social de la llamada Tercera Edad de Oro de la Televisión, al que podemos etiquetar como el Impulso ‘Oh My God’, exclamación lógica que procede al descubrimiento de una circunstancia extraordinaria.

Los spoilers son toda una raza dividida en categorías. Por ejemplo, el impulsivo, quien cuenta ese dato porque no puede controlar la emoción; el despechado, que lo hace por desquite; el desvergonzado, quien cree que no hay daño porque el capítulo ya fue transmitido originalmente en Estados Unidos o el enigmático, el más inteligente y creativo, quien da spoilers, pero sin eliminar sino alimentar la dosis de intriga.

El boom más reciente y aún actual de la televisión inició básicamente con el milenio. El título, Los Soprano. La cadena, HBO. Ese 1999, los canales de cable estadounidenses estrenaron 23 series nuevas. 15 años después, en 2014, fueron 180 además de las producciones de la TV abierta, más las de los nuevos jugadores en la industria: los servicios Over The Top (Netflix, Amazon, Hulu, etc.).

¿Impresionante? Revisemos números de toda esa industria en Estados Unidos: en 2009 produjeron 211 series, para 2015 casi se duplicaron: 409. Este 2016, al parecer serán todavía más puesto que las plataformas online, especialmente Netflix, están ávidas de contenidos propios.

Este es uno de esos terrenos escabrosos e inciertos a los que se enfrenta la televisión en su ruta de aprendizaje para convivir en el nuevo ecosistema de los medios audiovisuales. Hay quienes dicen que para 2017 la tendencia comenzará a revertirse y que esta supuesta burbuja está cerca de explotar, pero hay otro bando que ve a este fenómeno con un enfoque distinto: antes había cadenas de televisión con una programación lineal y limitada, ahora hay opciones y plataformas múltiples para distribuir contenido ilimitadamente.

Hace pocos meses, McCracken incluyó a México en un estudio que también realizó en Brasil, Estados Unidos y el Reino Unido para Netflix. Su conclusión más destacada fue la eliminación de ciertos mitos sobre el streaming.

Muchos asumían que la televisión estaba dejando de ser el factor de unión familiar por su sitio en el rincón más prominente de la sala de prácticamente cualquier hogar que se precie de serlo. La teoría era que los nuevos servicios de video por internet, disponibles en cualquier computadora o dispositivo móvil, fomentaban el consumo solitario de contenidos. Resulta que no necesariamente.

“Ha sido un cambio muy grande. Ciertamente Netflix ha cambiado la forma de ver televisión, pero también la manera de relacionarnos los unos con los otros. Ahora hay padres e hijos interactuando otra vez, esposos compartiendo un programa con sus esposas. Quizá antes de que esto apareciera la gente estaba dividida en géneros y cada uno tenía sus programas, quizá compartían algunos gustos, pero no todos”, dice.

Una de las primeras revelaciones de esta investigación es el fenómeno del binge-watching, la muy arraigada y casi obsesiva tendencia de ver series en maratón. Temporadas enteras en una sola tarde, compartiéndolas con la pareja o algún miembro de la familia con el mismo gusto.

"El cambio es increíble. Servicios como Netflix han creado nuevos vínculos con las familias y los amigos, ambos han regresado al hábito de reunirse para ver un show. En parte se debe a que se acopla al horario de los espectadores y no es como en la tv tradicional en donde debes de cachar el programa y hacer que eso coincida con el horario de quienes lo van a ver”.

McCracken dice que ese público no sólo está devorando series, “están teniendo un festín” debido a que el streaming ha acelerado el cambio en la forma y los contenidos de la TV. “Nos dimos cuenta de que su forma de ver televisión era más consciente, más crítica por un lado, pero también más pasional y emocional por el otro, al contrario del modelo antiguo en que sólo te sentabas a observar una televisión muy predecible y diseñada para no ser muy compleja”.

Richard Greenfield, analista de BTIG Research, coincide y ofrece su punto de vista: “El VOD está afectando a la TV tradicional. La conducta del consumidor está cambiando y parece una tendencia imposible de revertir”.

¿Qué está haciendo la televisión para mantenerse competitiva frente a este escenario? Las cadenas estadounidenses están produciendo series saliéndose de la receta tradicional, con más vueltas de tuerca sorprendentes como matar a un personaje central, ritmos más vertiginosos y muchos más puntos climáticos. Las narrativas de alto impacto ocasionan más reacciones en las redes sociales y ese alto perfil ayuda a que más espectadores decidan ver esos programas, lo que aumenta el rating.

La competencia siempre es sana porque obliga a la calidad. Ahora, las televisoras comienzan a contar historias de todo tipo de personajes que no tienen que estar, necesariamente, en el canon establecido de lo moral o lo estético. “Los actores se volvieron menos hermosos. Ahora seas guapo o no, tienes que actuar. Esa noción de una audiencia que estaba dispuesta a soportar malos actores en tanto se vieran bien ya no es tan real”, comenta McCracken.

Esa es la oportunidad que tienen también las televisoras mexicanas para recuperar terreno. “La televisión es ahora más divertida de hacer. Solían valerse de fórmulas a las que tenían que apegarse y muchos escritores, directores y actores con talento se tenían que mantener en una pequeña caja. Ahora hay más espacio para todos”, opina.

Con toda esta variedad, la masificación también cambia. Las series tienen ahora formas, targets y enfoques para distintos tipos de mercado. De los 23 o 24 capítulos por temporada en la TV abierta estadounidense o los 12 o 13 usuales en las cadenas de cable, ahora es frecuente encontrar temporadas de 6, 8, 10 o 16 episodios. Una brevedad que ha facilitado la incorporación de estrellas del cine a la pantalla chica al no verse atados a un mismo proyecto durante largos periodos de tiempo.

Los tiempos cambian y rápido. La televisión tiene que evolucionar a ese mismo ritmo.

#Televisión #Audiovisual

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Periodista y productor audiovisual

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