• Samuel Prieto Rodríguez

Esa obra monumental del marketing político llamada Revolución Cubana


Depositadas las cenizas de Fidel Castro en el cementerio de Santiago de Cuba, junto a los restos del héroe nacional José Martí, luego del recorrido de mil kilómetros desde La Habana en sentido inverso al trayecto triunfal de la caravana de la Revolución de 1959, el ritual queda cumplido.

Un personaje tan hábil y conocedor de su papel, que aun fallecido es calificado por muchos como un ícono de la democracia y la revolución del pueblo contra las oligarquías y el imperialismo, cuando en términos prácticos se trató de un gobernante que canceló las libertades de ese pueblo por más de medio siglo y lo mantuvo reprimido, vigilado, aislado de la globalización y sufriendo hambre y pobreza como el costo de una orgullosa, heroica e histórica resistencia contra la potencia dominante. Claro, tiene lógica. Una nación aceptando ser oprimida y empobrecida por un dictador local, porque eso es muy digno para evitar que sea el imperio el que lo haga ya sea con la explotación o con un embargo económico.

La muerte de Fidel Castro es la cereza en el pastel de un año clave en la transición cubana que el mundo ha visto con sorpresa en unos casos, nostalgia por la rebeldía en otros y regocijo en el resto. El llamado comandante en jefe de la Revolución Cubana tenía ya 8 años de haber dejado la presidencia en manos de su hermano Raúl y 5 de haberse retirado formalmente de todo poder político al dejar de ser también el primer secretario del Partido Comunista de Cuba.

Todo se fincó en la estrategia. Fidel Castro fue siempre una muestra excelente de cómo la mezcla adecuada de carisma, colmillo político y control del aparato de Estado puede convertir a un dictador autoritario en una especie de héroe que hizo lo que prácticamente nadie más pudo. Las historias exacerbadas y algunos mitos refuerzan el plan de marketing, por ejemplo, que sobrevivió a por lo menos 600 intentos de asesinarlo, evidenciando así a los inteligentes servicios de inteligencia del país más poderoso del planeta.

Otra de esas marcas gloriosas para unos y cuestionadas por otros es que, durante su largo periodo de gobierno, Castro sobrevivió a 10 presidentes estadounidenses desde Dwight Eisenhower hasta George W. Bush. ¿Democracia? ¿En serio? Bueno, otro récord democráticamente increíble pero cierto es que transfirió el poder para dejarlo en familia, manteniéndose como una especie de tutor, estratega y vigilante de la revolución.

En todos esos años, Cuba fue la base para el inicio de otras revoluciones con la misma fórmula, que tuvieron los mismos efectos que la de casa en los países donde se desarrollaron. La década de los ochentas observó cómo varias naciones, particularmente centroamericanas, se sumergieron en enfrentamientos cruentos y longevos que ocasionaron la pauperización de sus poblaciones en vez del bienestar que llevarían supuestamente sus líderes: el Frente Sandinista de Liberación Nacional en Nicaragua, el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional en El Salvador y la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca entre varias otras guerrillas.

En años más recientes, Fidel fue el mentor político de otro líder que sedujo a su pueblo hasta llevarlo a la bancarrota en que se encuentra, Hugo Chávez en Venezuela, y de otros como Rafael Correa en Ecuador y Evo Morales en Bolivia, a quienes el carisma no les alcanzó para tanto, pero sí para poner en más problemas a sus economías con medidas populistas que a la larga salen bastante contraproducentes.

Pero, con todo eso, Fidel Castro sigue teniendo muchísimos simpatizantes. El uso extendido de estereotipos que se fijan como decretos, es un arma poderosa. En las redes todavía hay miles que afirman que una diferencia sustancial de Cuba con respecto a los países del Caribe y Latinoamérica es que no hay analfabetismo. Muy loable, pero toda esa educación no significa siquiera la oportunidad de no sufrir hambre, mucho menos de tener oportunidades reales de desarrollo y, más aún, con la evolución del mundo y la llegada de tecnologías como internet y sus posibilidades vetadas en un régimen autoritario, la gran mayoría de los cubanos se convierten en verdaderos analfabetas funcionales.

Otro ejemplo: se dice que la segunda cosa que Fidel Castro sabía hacer muy bien además de vestir su emblemático uniforme verde olivo, era formar doctores. Cierto, pero con sus puntos de vista. De acuerdo con el representante de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en la isla, José Luis Di Fabio, “la formación médica en Cuba y el sistema de salud se basa en la atención primaria, donde tenemos un médico de familia responsable de una población de unas mil personas, donde hay una relación estrecha del médico con la familia. (...) Hay mucha experiencia en el trabajo de promoción de la salud y prevención, y mucho contacto con la comunidad”.

Hasta ahí suena bien y mejor aun considerando que los estudiantes son entrenados "en el concepto de internacionalismo, de solidaridad" así que deben trabajar en misiones en los lugares más remotos del mundo a donde no llegan otros doctores, labor humanitaria que gracias a los apoyos de organizaciones mundiales termina también siendo un negocio que reditúa en divisas. Pero a la hora de las especialidades el panorama se complica. La preparación de los médicos cubanos ha sido puesta en tela de juicio en países como Brasil, Bolivia, Costa Rica o Chile que la han calificado de deficiente al momento de buscar la revalidación para ejercer.

Quienes tuvimos la oportunidad de reportear historias en la isla en los años de la presidencia de Fidel Castro, vimos que la mayoría de los hospitales tenían carencias iguales o mayores que las de uno del IMSS en alguna zona rural apartada de México. Sus equipos, con tecnología obsoleta y prácticamente nulo mantenimiento, eran incluso riesgosos en varios casos. Someterse a una radiografía, por ejemplo, era estar expuesto a mucha más radiación que la permitida por los estándares internacionales. Los médicos debían recurrir a técnicas, procedimientos y remedios tradicionales dada la carencia de medicinas y equipos con la exactitud que requieren muchos padecimientos. ¿Tomografía? ¿Laparoscopia? ¿Resonancia magnética? Muchos pacientes ni siquiera conocían esos términos.

Los estereotipos insertados en la percepción internacional tenían más que ver con esa costumbre en muchas casas, poblaciones o países de limpiar, pintar y decorar esmeradamente, sólo cuando hay visitas importantes. Pero la genialidad de Fidel Castro era mucho mayor. Fue un mago que logró hacer que muchos dentro de la nación que gobernó fueran sus víctimas y a la vez sus aliados, incluso defensores y fieles devotos.

Los comunicadores, publicistas y mercadólogos tenemos los 11 principios que guiaron a otro genio llamado Joseph Goebbels. Sería una idea excelente tener por escrito y detallados los que utilizó el difunto dictador cubano.

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Periodista y productor audiovisual

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