• Samuel Prieto Rodríguez

El apetitoso mercado de los servicios de video bajo demanda


En cuanto a establecer jerarquías, definir divisiones o asignar roles, la filosofía popular suele decir que hasta entre los perros hay razas o que hasta la basura se separa. En el caso de los servicios de streaming de video bajo demanda, esa clasificación social vista como signo de estatus parece estar definiéndose.

Como en prácticamente todo el planeta, el líder en México es Netflix que tiene 4 millones 430 mil suscriptores, es decir el 70.1 por ciento de todos los usuarios de este tipo de servicios, de acuerdo con The Competitive Intelligence Unit (The CIU).

Muy por debajo todavía, en los siguientes 2 sitios, hay movimientos interesantes. Blim, el OTT de Televisa puesto en línea apenas este 2016 con bastantes detractores en las redes sociales, demostró muy rápido que no es una mala apuesta porque ya tiene el 17.5 por ciento del mercado, o sea que ya le comió el mandado a Claro Video que ahora está rezagado en el tercer eslabón de la cadena alimenticia con el 9.3 por ciento aun cuando tiene el costo más barato.

Con todo y eso, el servicio propiedad del Grupo Carso enfrenta señalamientos sobre sus prácticas de negocios porque es gratuito para los clientes del servicio de internet Infínitum. El abogado especialista en telecomunicaciones, Iván Ruiz Moreno, sostiene que la discusión debe centrarse en si competidores como Netflix o Blim tienen la posibilidad de hacer eso.

“El problema es cuando no lo puedes replicar. Hoy en día nadie puede replicar un Claro Video gratis, nadie. Entonces las inquietudes versan sobre si Claro Video no cobra nada por regalar el servicio o si se revende a Telmex y no le paga, o si se lo vende pero a qué precio y también cabe preguntarse si ese precio está disponible para el resto del mercado”, explica.

Pero más allá de las disputas corporativas, ¿hay diferencia entre esos servicios o, como suelen decir las mujeres de los hombres, todos son iguales?

El OTT propiedad del Grupo Carso, como decíamos, es el más barato pero no todos sus contenidos son de acceso libre. Los más atractivos o exitosos pueden verse únicamente con un pago extra por renta o compra, lo que no sucede en Netflix por ejemplo.

Recientemente, Netflix optó por ofrecer la facilidad de descargar las producciones de las que cuenta con los permisos necesarios para que el suscriptor pueda disfrutarlas en momentos en que no tiene acceso a internet. Muchas de ellas son propias y de alto impacto, lo que es otra diferencia sustancial.

Los estándares del líder son tan altos que para asociarse con él en algún proyecto, además de un prestigio sólido y una propuesta que esté a la altura, se requiere un respaldo financiero amplio. El actor argentino Nacho Tahhan cuenta que lleva algunos meses tratando de echar a andar una nueva serie de TV. El primer sitio donde la ofreció fue justamente Netflix.

“Ellos pedían que la primera temporada tuviera un presupuesto como de 15 millones de pesos que nosotros tendríamos que invertir y nosotros teníamos presupuestados como 250 mil pesos por capítulo; a 10 capítulos eran como 2.5 millones, que no es ni la cuarta parte de lo que ellos nos pedían”, explica.

“Ellos nos decían que si gustaba la primera temporada, querrían segunda y tercera. Netflix te paga al año y medio o dos años, primero sale tu serie y a los tres meses le pone toda la publicidad, la presentan y si la serie jala te piden hacer segunda y tercera temporada sin darte aún la lana de la primera. Uno tiene que tener la espalda económica para poder hacerla solo y necesitas un productor que te ponga ese capital”.

Blim es otro asunto. Básicamente sus contenidos son los clásicos hechos por su empresa propietaria, Televisa, series exclusivas que incluso se estrenan ahí antes de pasar por televisión, y se complementa con producciones internacionales de casas como BBC, Comedy Central, Discovery, Disney, Fox, MTV, NatGeo, NBC, Telemundo y TVE, entre otras.

En el mercado de los OTTs de video bajo demanda hay más opciones, aunque su participación es muy pequeña. MUBI apenas alcanza el 1 por ciento y Fox Play 0.7 al igual que HBO GO y YouTube Red.

Pero siguen llegando más jugadores. Recientemente se sumó Dish OTT que publicita como su diferenciador que es un acceso a HBO GO y a Fox+. Otro nuevo vecino en la cuadra es Amazon Prime Video que se lanzó tan globalmente como Netflix. Parece traer una estrategia distinta, al menos inicialmente, porque no tiene contenidos hablados o doblados al español sino únicamente subtitulados y su pago es en dólares: los primeros 6 meses $2.99 y luego $5.99.

¿Por qué tanta oferta? ¿Es negocio? ¿Hay mercado? Resulta que en el sector audiovisual, los servicios OTT han registrado un dinamismo mucho mayor que la televisión de paga. De 2012 a 2016 observaron un crecimiento de 138 por ciento en número de suscriptores. La cifra está muy por encima del 20.1 de la TV por cable y del 17.4 por ciento de la satelital en los últimos 4 años. En cuanto a ingresos, los OTTs crecieron cerca de 70 por ciento en el mismo lapso comparativo frente al 21.9 del cable y el 18.5 del DTH, de acuerdo con la información de The CIU.

Dado ese panorama, en la reunión más reciente de la Organización de Telecomunicaciones de Iberoamérica (OTI), Emilio Azcárraga pidió simplificar las reglas a las televisoras tradicionales e impulsar el avance de la industria mediante la regulación de los servicios OTT, “todo a favor de la industria misma y los consumidores”, argumentó.

En el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) la opinión general entre los comisionados es que para regular algo debe haber un problema, no únicamente un fenómeno, tomando en cuenta que el usuario es el más beneficiado.

“Se pierde de vista quién ha ganado con estas innovaciones. Para el mercado es positivo que haya innovación, novedades y empaquetamiento. La clave es ser prudentes como reguladores en no caer en la tentación de regular algo sólo por ser nuevo”, dice Gabriel Contreras, comisionado presidente del IFT.

La televisión abierta sigue siendo, por mucho, el jugador más importante del mercado audiovisual porque es la única capaz de llegar a audiencias verdaderamente masivas. Su participación se da en 2 sentidos: uno de ellos es compitiendo por audiencia y el otro es colocando sus producciones en esas nuevas plataformas.

Radamés Camargo, analista de The Competitive Intelligence Unit, dice que se trata de un mercado integrado en el que participan también la TV de paga y ahora los llamados OTT. “Digo que es integrado porque tenemos el nacimiento de nuevas plataformas que son parte de las mismas televisoras tradicionales y que parecían no tener mucho sentido, pero obedecen precisamente al hecho de que están buscando maneras de colocar esos contenidos a los que ya se dedicaban”.

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Periodista y productor audiovisual

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