• Samuel Prieto Rodríguez

Venezuela, Rusia y, para variar, EU. Escándalos, gobernantes autoritarios y medios señalados


La investigación periodística de CNN que encendió la ira de Nicolás Maduro y las élites del gobierno venezolano se tituló Pasaportes en la Sombra, transmitida por la cadena en inglés y en español al inicio de febrero. La hicieron en 2 episodios extensos y muy reveladores.

La primera parte indaga las denuncias de Misael López, un exfuncionario de la embajada de Venezuela en Irak, sobre una presunta venta millonaria de visas y pasaportes venezolanos. “En el mundo podría haber criminales y posibles terroristas viajando desapercibidos con pasaportes venezolanos legítimos que se vendieron a todo aquel que los quiso comprar. Pasaportes que permiten la entrada a más de 130 países sin necesidad de visa, aunque Estados Unidos no es uno de ellos”, afirma el reportaje.

La segunda parte relaciona, por medio de un reporte de inteligencia y notificaciones del FBI, a funcionarios del gobierno venezolano con personas con presuntos nexos con el Hezbollah libanés. El denunciante es Marco Ferreira, exgeneral quien vive en Estados Unidos con asilo político tras participar en el golpe de Estado fallido contra Hugo Chávez en 2002. Dice que tiene información sobre pasaportes y visas que estaban otorgándose a narcotraficantes y posibles terroristas por órdenes del gobierno de ese país sudamericano.

Además de esa investigación, CNN también informó que el ahora vicepresidente venezolano, Tareck El Aissami, fue señalado por la administración de Donald Trump como un narcotraficante prominente que ha utilizado empresas de frente y testaferros para concretar el lavado de activos provenientes del narcotráfico, de acuerdo con un comunicado oficial del Departamento del Tesoro.

“¡Fuera CNN de Venezuela! ¡Bien lejos de nosotros! ¡Los asuntos de los venezolanos los resolvemos los venezolanos!”, clamó iracundo el presidente Nicolás Maduro y ordenó sacar la señal de esa cadena en español de todos los sistemas de televisión en el país, disposición que se extendió también a internet. La Comisión Nacional de Telecomunicaciones inició un “procedimiento administrativo sancionatorio y las consecuenciales medidas cautelares”, informó en un comunicado.

La censura venezolana también se dirigió hacia la televisora RCN de Colombia que estrenó la bioserie El Comandante, sobre la vida de Hugo Chávez, producida por Sony Pictures Television.

Ese programa fue prohibido en Venezuela donde además la Comisión Nacional de Telecomunicaciones inició una campaña titulada Nuestro Chávez de Verdad con el hashtag #AquíNoSeHablaMalDeChávez.

Rusia es otro caso actual de censura. Según Konstantin von Eggert, el prestigiado comentarista político de TV Rain, considerado un canal independiente en ese país, el gobierno ordenó a los medios de comunicación estatales que reduzcan significativamente la cobertura del presidente de Estados Unidos.

“No van a hacer llover críticas contra Trump, sólo no hablarán mucho de él”, precisó el líder de opinión en una entrevista telefónica. “El destino de las relaciones ruso-estadounidenses es mucho menos previsible que hace tan sólo unas semanas atrás”. El servicio multimedia de noticias Sputnik desmiente a von Eggert, el problema es que se trata de un medio estatal. ¿A quién le creemos?

Cierta o no la orden del Kremlin, revisemos el contexto. El triunfo de Trump sobre Hillary Clinton en noviembre había sido muy festejado en ese país y visto como el comienzo de una nueva era de cooperación entre los antiguos enemigos de la Guerra Fría. Durante la campaña los presentadores de los noticieros hablaban entusiasmados de la novedad de escuchar a un candidato presidencial estadounidense elogiar a Rusia.

Pero la alerta en el gobierno se encendió cuando, según datos de la agencia no estatal Interfax, Trump registró 202,000 menciones en la prensa rusa durante enero y Vladimir Putin fue relegado al segundo lugar con 147,700. Que el presidente no fuera el personaje más nombrado en los medios nunca había sucedido desde que regresó al puesto en 2012 tras cuatro años como primer ministro.

Pero la vanidad de Putin no es el único factor. La decisión de moderar las expectativas del público sobre una mejoría en las relaciones con Estados Unidos se tomó también tras la renuncia del asesor de seguridad nacional de Trump, el general retirado Michael Flynn, quien se sentó con el presidente de Rusia durante un evento mediático en Moscú en 2015 y, según varios informes, era una voz amiga en Washington.

Otros personajes cercanos al mandatario estadounidense están en la mira del FBI y otras agencias, como el expresidente de campaña Paul Manafort quien trabajó durante años para un aliado de Putin en Ucrania y el consultor en energía Carter Page quién vivió en Moscú, trabajó por al menos 3 años asesorando transacciones importantes que involucran a compañías estatales rusas y hasta dio un discurso el verano pasado criticando a Estados Unidos y otras naciones occidentales por su “enfoque hipócrita en ideas como la democratización, la desigualdad y la corrupción”.

Todos estos señalamientos refuerzan la acusación de que Donald Trump recibió conscientemente el apoyo del Kremlin para ganar la elección presidencial.

Aunque ahora el interés de Rusia parece ser el de bajar la intensidad de la información estadounidense, Vladimir Putin no se podía quedar con un golpe así que su gobierno exigió una disculpa a la cadena Fox News porque su presentador Bill O’Reilly se refirió a él como “un asesino” durante una entrevista con el presidente de Estados Unidos mientras intentaba presionarlo para que explicara en forma más completa por qué respeta tanto a su par ruso.

Y ya aterrizando en el país más poderoso del planeta, la guerra de su mandatario con varios de los medios más grandes e influyentes no tiene tregua. Continúa acusando a The New York Times, NBC, ABC, CBS y CNN entre otros de dar noticias falsas y dice que no son sus enemigos sino del pueblo americano.

"¿Cómo es que la prensa obtiene información que es clasificada? Es ilegal. La prensa debería estar avergonzada", aseveró y adelantó durante una conferencia de medios que ofreció el 16 de febrero que ordenó al Departamento de Justicia investigar la filtración de datos.

Se refería justo a los motivos de la renuncia de su asesor de seguridad nacional, Michael Flynn, y los nexos de varios integrantes de su equipo con Rusia. “Las filtraciones son reales. Las filtraciones son absolutamente reales. La noticia es falsa porque muchas de las noticias son falsas”.

Un periodista le preguntó si no le preocupaba estar socavando la confianza de la ciudadanía en la prensa y en la libertad de prensa por calificar como "noticias falsas" a cualquier reporte que no sea de su entero gusto. Trump respondió: “usted pertenece a CNN. Historia tras historia tras historia sobre mí es negativa. Yo gané. Yo gané”.

La impresión general en la conferencia fue de un presidente frustrado por la forma en que su gobierno está siendo visto y que decidió tomar las cosas en sus propias manos con una intervención dramática. “Mañana dirán: 'Donald Trump critica y condena a la prensa’”, dijo. “No estoy criticando ni delirando, sólo les estoy diciendo ‘saben que son gente deshonesta’ pero no estoy criticando ni delirando. Me encanta esto. Me lo estoy pasando bien”.

En un texto reciente, el periodista y escritor Diego Petersen Farah es directo en su observación: “los medios son indifamables: casi todo lo que se dice sobre ellos es verdad. Resulta muy difícil inventar alguna acusación contra ellos, pues han hecho casi todas las dagas que se puedan imaginar. Sin embargo, los perros guardianes de la democracia están haciendo su trabajo en Estados Unidos y se han convertido en el principal dique contra la tiranía del Presidente. Que Donald Trump se queje de los medios un día sí y otro también habla bien de los periodistas de ese país. Que Trump coincida con el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en su censura a CNN, habla muy mal del Presidente de los Estados Unidos; se parecen mucho más de lo que ellos mismos creen y quisieran”.

El senador republicano John McCain, del mismo partido por el que llegó abanderado el actual mandamás de la Casa Blanca, es todavía mucho más directo. En una entrevista para el programa Meet the Press de NBC dijo: "si quieres preservar la democracia como la conocemos, tienes que tener una prensa libre y muchas veces adversaria". Los ataques contra periodistas que cuestionan a quienes están en el poder son una táctica empleada por gobiernos autocráticos. "Así es como comienzan los dictadores. Cuando se mira la historia, lo primero que hacen los dictadores es cerrar la prensa", afirmó.

#Fenómenosmediáticos #Periodismo #Televisión

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Periodista y productor audiovisual

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