• Samuel Prieto Rodríguez

Creadores de thrillers políticos para TV, en terapia de rehabilitación. La realidad los rebasó


Escribir política ficción es uno de los mejores y más divertidos trabajos del mundo. Pasar todo el día soñando e imaginando una trama llena de intriga en que un congresista pragmático, de colmillo largo y alma de mafioso, juega sus cartas para apropiarse de la presidencia del país más poderoso del mundo. O en que una estratega dedicada a mover los hilos desde el patio trasero y las cañerías del sistema político para resolver las crisis y problemas del lado oscuro de sus poderosos clientes, se convierte en la pieza clave detrás del mandatario de la superpotencia y su comportamiento escandaloso.

De repente, sucede algo verdaderamente inesperado a pesar de que los síntomas estaban ahí. El golpe demoledor no llega de la imaginación de un competidor con una idea más impactante plasmada en otro canal de televisión sino, ahora sí, en serio, de la cada vez más alarmante, cruel y sorpresiva realidad. El nuevo dolor de cabeza de Shonda Rhimes, creadora Scandal, éxito de ABC, o de Beau Willimon, la mente de House of Cards de Netflix, es Donald J. Trump en su papel de Donald J. Trump, presidente de Estados Unidos en la vida real.

El protagonista: un líder mundial que inicia negándose a serlo en los primeros episodios de la serie ("soy presidente de Estados Unidos, no del mundo"), devoto del culto a sí mismo, racista, misógino, aficionado a la provocación y la baladronada, adicto a poner de cabeza al planeta por las mañanas con 140 rabiosos caracteres.

El lado más oscuro de la intriga está personificado por Steve Bannon, el cada vez más devaluado asesor detrás del populismo presidencial y sus ideas más radicales, “globalifóbicas”, nacionalistas y autoritarias, exdirector de Breitbart News, medio ultraderechista nivel recalcitrante, donde impulsó un historial vasto y truculento de publicaciones con sesgos racistas y misóginos. Impulsor de la idea de un muro enorme en el límite con México, el cierre de fronteras a migrantes y refugiados, la virulencia contra el libre comercio internacional y las amenazas a las empresas que se atrevan a crear empleos en el extranjero.

Sus antagonistas, Ivanka Trump y Jared Kushner, hija y yerno del mandatario, a quienes se atribuye una posición doméstica más moderada y una exterior de mayor injerencia, como la iniciativa de atacar una base aérea en Siria, hacer explotar la madre de todas las bombas en Afganistán y crear una situación de alta tensión nuclear en la península coreana. Toda una trama de conspiraciones palaciegas y posibles repercusiones catastróficas para la humanidad. ¿Cómo competir con eso en la industria de la ficción?

El periódico The New York Times hizo un experimento interesante. Reunió en una especie de terapia de grupo a algunos de los creadores y escritores de política ficción más exitosos de la industria audiovisual estadounidense: Shonda Rhimes (Scandal, ABC), Frank Pugliese y Melissa James Gibson (House of Cards, Netflix), Barbara Hall (Madame Secretary, CBS) y David Mandel (Veep, HBO).

Una parte bastante amplia de la sesión puede leerse en la nota del NYT. Estas son sólo algunas de las cosas que dijeron:

—House of Cards parece tener, a veces, una buena idea del rumbo al que se dirige la política nacional y sé que tienen estrategas políticos para asesorar a su equipo. ¿Tuvieron información de inteligencia sobre el resultado de la elección?

—FRANK PUGLIESE (HOUSE OF CARDS) No, no en cuanto a que ganaría Trump. Pero incluso antes de iniciar el trabajo para la temporada 3, estuvimos hablando un poco sobre una noción de una fuerza tiránica, populista y lo que eso significaría. Tuvimos esta idea de América Trabaja [el programa de empleo masivo del presidente Frank Underwood, interpretado por Kevin Spacey] y estaba en el aire ya. Parecía una posibilidad imposible, no era como que nosotros estuviéramos coqueteando con él.

—SHONDA RHIMES (SCANDAL): Nosotros tuvimos el personaje de Hollis Doyle [un magnate petrolero maquiavélico convertido candidato presidencial], que pusimos como la persona más inadecuada para convertirse en el presidente. Era muy similar a Trump. Tuvimos el problema de Rusia también. Se suponía que nuestra mujer misteriosa hablaba ruso, dando a entender que los rusos estaban tratando de socavar el gobierno de los Estados Unidos a través de la elección. Y de repente me di cuenta de que teníamos que reescribir toda la segunda parte de la temporada y convertirla en otra cosa.

—MELISSA JAMES GIBSON (HOUSE OF CARDS): ¡Guau!

—RHIMES: No importaría lo que hiciéramos, el público iba a pensar que escribimos la historia basada en las noticias.

—¿Y no quieres que parezca que estás sacándola de los titulares?

—RHIMES: ¡No!

—En Madame Secretary, que juega un poco más con los acontecimientos actuales, ¿estás tratando de escribir más cerca de las noticias? Por ejemplo, parecías predecir el acuerdo nuclear Estados Unidos-Irán que sí sucedió.

­—BARBARA HALL (MADAME SECRETARY): Un poco, pero nos encontramos ubicados un poco en el futuro. Así es como se produjo el acuerdo de paz con Irán, porque estábamos empezando negociaciones con ese país y pensamos ‘vamos a ir a la conclusión más dramática posible, tendremos un acuerdo de paz completo y el presidente iraní vendrá aquí’. No es exactamente lo que sucedió, pero fue bastante cerca de lo que vimos en los titulares.

Ahora, el reto para cualquier escritor de política ficción que está tratando de no escribir basado en las noticias o de mantenerse por delante de ellas, es ¿cómo hacerlo? Todo está sucediendo tan rápido que para cuando el guion se convierte en una obra audiovisual, la realidad ya lo rebasó de nuevo.

Veep no es un drama o un thriller político sino una comedia. Pero como toda comedia, es en serio. ¿Qué tanto se preocupa por el mundo real?

—DAVID MANDEL (VEEP): Nosotros pasamos mucho tiempo pensando en las peores cosas que un político puede decir o hacer. Tenemos un episodio en que Selina Meyer [protagonista de la serie, interpretada por Julia Louis-Dreyfus] es ahora expresidente, está tratando de construir su biblioteca, pero nadie quiere particularmente una biblioteca Selina Meyer. Ella termina en la República de Georgia como observadora de las elecciones y dos individuos le ofrecen dinero para su biblioteca si ella ve la elección de una determinada manera. Eso sólo parecía ser lo peor que podría pensar en hacer, la hace parecer horrible así que esa posibilidad sólo se ve como divertida por ridícula pero ahora nos hace ver como genios o algo así.

Ahora, el competidor de una serie de política ficción ya no es otra sino un canal de noticias de esos 24/7.

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Periodista y productor audiovisual

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