• Samuel Prieto Rodríguez

El Error... ¿capítulo final?


No, el capítulo final no está siquiera escrito. 23 años después de ese error de diciembre y su consecuencia más drástica, el rescate bancario mediante el Fobaproa, los mexicanos seguimos pagando entre 20 mil y 30 mil millones de pesos anuales de nuestro presupuesto público en consecuencias. Es dinero que sale de nuestros impuestos y que no puede usarse en educación, salud o bienestar.

Esta es una de las múltiples causas por las que el presupuesto está tan atado, además del tamaño de la burocracia, el cada vez más explosivo problema de las pensiones del gobierno que no se atendió durante décadas, el financiamiento indiscriminado a partidos políticos que son sólo cotos de poder personal o familiar y varias otras rentitas que son verdaderos lastres para el desarrollo del país.

En el caso del Fobaproa, todos lo sabemos, no sólo se trata de la consecuencia de la peor crisis económica que ha azotado a México sino de toda una serie de cuestionamientos por los que la autoridad ha sido sistemáticamente renuente a rendir cuentas.

En aquel trágico inicio de 1995, la hecatombe había estallado. No había dinero así que el muy poco disponible se volvió prohibitivamente caro. Las tasas de interés se dispararon tan estratosféricamente que alcanzaron el 110 por ciento, es decir, por cada peso que un mexicano debía, tenía que pagar otro peso con 10 centavos en intereses.

En esas circunstancias, los deudores no pagaban porque no podían, los bancos no recibían el dinero y por lo tanto no podían pagar intereses o capital a sus ahorradores. El sistema bancario estaba colapsando. ¿Rescatarlo era la única opción? ¿Por qué se tenía que utilizar dinero público para rescatar negocios privados? ¿Se privatizaron las ganancias y se hicieron públicas las pérdidas?

Para nadie es un misterio, el Fobaproa abrió la puerta a usos, abusos, fraudes y complicidades al amparo del secreto bancario. ¿Sucedió con el aval del Congreso? ¿De qué tamaño es la deuda que nos dejó a los mexicanos?

La fiebre por el Libre Comercio y la manera en que se habían privatizado recientemente los bancos propiciaron el otorgamiento indiscriminado de créditos, muchos de ellos sin las garantías mínimas necesarias. ¿No había regulaciones y supervisión? ¿Se autoprestaban también los dueños de los bancos sin el respaldo adecuado? ¿La autoridad estaba enterada?

Eso es lo que devela el capítulo 3 y por ahora último de El Error: Ficción, Miedo, Debacle. ¿Cómo se dio en 1994 ese problemón del que seguimos sin salir? El documental lo ha estado develando.

El primer episodio realizó un viaje por la suma de los eventos políticos y financieros que llevaron al país de la ficción al miedo y a la debacle, con los testimonios de los protagonistas decisivos.

1994 inició con la celebración del triunfo consumado. El Tratado de Libre Comercio de América del Norte estaba entrando por fin en vigor. El brindis duró muy pocos minutos. El aguafiestas fue el Ejército Zapatista de Liberación Nacional y su declaración de guerra al Estado mexicano esa misma madrugada.

“En una situación de riesgo político, ¿qué es lo que quiere el inversionista? Pues irse del país, por eso estuvieron las reservas drenándose en la forma en la que estaban yéndose”, comenta Francisco Gil Díaz, Subsecretario de Ingresos de 1988 a 1994.

Las desgracias políticas y la hecatombe económica apenas iniciaban. La mañana del 14 de marzo era secuestrado el principal banquero del país, Alfredo Harp Helú. Golpe demoledor al poder económico. Ni tiempo de un respiro. Sólo 9 días después, el candidato presidencial del partido que llevaba 63 años en el gobierno caía abatido en un atentado. Puñetazo de nocaut al poder político. Cada uno de esos eventos, particularmente este último, ocasionó problemas severos para convencer a los inversionistas de que no sacaran sus capitales del país masivamente.

“En particular cuando se da el asesinato de Luis Donaldo Colosio y se genera mucho nerviosismo, el tesobono cumple una función muy importante porque le brinda al inversionista una forma de cobertura sin sacar su dinero del país y por eso es que la emisión de los tesobonos durante 1994 creció de manera muy, muy importante”, nos explica Mario Beauregard, Subgerente de Cambios Nacionales del Banco de México en 1994.

Los tesobonos eran deuda de corto plazo denominada en dólares, que emitió el gobierno para atraer capitales especulativos que servían para financiar un déficit enorme en la cuenta corriente de la balanza de pagos que se produjo por la fiebre de la apertura comercial y el libre comercio que trajo al país importaciones desenfrenadas de productos hasta entonces desconocidos en México.

Alberto Jones, director general de Moody´s México, apunta que en 1994 “México era muy frágil desde el punto de vista financiero, tanto porque no tenía suficientes reservas en virtud de que incurría en déficits de cuenta corriente”, por ello, cuando comenzaron las crisis políticas “lo que sucedió es que los inversionistas tenían enormes dudas de que esos pesos que les fueran a pagar cuando vendieran o expiraran sus tesobonos se pudieran convertir en dólares”.

Como los bancos estaban recién privatizados y tenían la necesidad urgente de hacer negocio para obtener ganancias, soltaron al mercado toda clase de créditos que otorgaban sin las garantías mínimas para que la gente comprara, se endeudara y pagara intereses por ello.

Pero las desgracias apenas calentaban motores. En junio, en plena tormenta, al Secretario de Gobernación, Jorge Carpizo, le dio por abandonar el timón político lo que fue una pésima señal. Terminó por no hacerlo, pero el puro berrinche le costó al país varios cientos de millones de dólares más. El homicidio del José Francisco Ruiz Massieu, Secretario General del PRI, en septiembre, cerró con broche de presión esa serie de eventos desafortunados que dejaron a la economía prendida con alfileres.

Si todo eso no era suficiente para que se desatara el apocalipsis económico, dos circunstancias económicas se agregaban al problema. Una es que durante 1994 la Reserva Federal de Estados Unidos aumentó varias veces sus tasas de interés, así que los inversionistas tenían muchos incentivos para llevar sus capitales a ese mercado y muchos más para dejar el mexicano y por eso el gobierno tuvo que ofrecerles rendimientos muy altos dado el riesgo que estaban asumiendo.

La otra circunstancia es que el tipo de cambio no era libre, sino estaba sujeto a una banda de fluctuación que había permitido el control de crisis anteriores pero que también obligaba al Banco de México a mantenerla con sus reservas internacionales atadas, hasta que se agotaron y el dólar se disparó estratosféricamente.

“Los alfileres ya estaban más que descocidos, no había posibilidad de que no hubiera una devaluación y una crisis como la que vino”, afirma el banquero Antonio del Valle, entonces presidente del ahora desaparecido Bital. “Entonces se vaciaron las arcas del Banco de México y tenía que venir la devaluación, era una cosa que los mercados lo estaban diciendo a gritos y realmente eso provocó pues la crisis del año 95 que se fue con tasas de interés muy altas, que se fue con grandes inflaciones y como consecuencia se creó la famosa crisis bancaria”.

El expresidente de México, Carlos Salinas, insiste en que su administración no fue responsable de la crisis. Con respecto a la abultada deuda en tesobonos, sostiene que “en el momento de la conclusión de mi gobierno, el saldo de tesobonos era menor que las reservas internacionales más los apoyos que teníamos con el Tesoro de los Estados Unidos, por lo tanto, esos tesobonos que estaban denominados en dólares estaban totalmente cubiertos”. Nada más que en la explicación está uno de los puntos contradictorios: “apoyos” del Tesoro significa deuda para pagar deuda, es decir, no es cierto que estaban cubiertos.

Salinas también dice, ya encarrerados en el segundo episodio del documental, que “lo que sucedió es que de los problemas del 94 se tomaron decisiones que los convirtieron en una crisis que golpeó terriblemente al país durante 1995”.

Ernesto Zedillo cometió dos errores garrafales: uno es que nombró a Jaime Serra Puche, el negociador del Tratado de Libre Comercio, como Secretario de Hacienda sin que contara con los conocimientos, contactos, hilos y operación en los mercados financieros como para hacer las maniobras de contención necesarias en caso de una crisis. El otro error es que, a pesar de que la Comisión de Cambios le advirtió desde el inicio de su gobierno que sería necesario devaluar, no accedió a hacerlo hasta que la situación le explotó en las manos.

La noche del 19 de diciembre de 1994 marcó el inicio del desastre. Una convocatoria urgente reunió a los sectores empresarial, obrero y rural con el gabinete económico encabezado por el Secretario de Hacienda, Jaime Serra. El periodista Samuel García cuenta que “hay todo un debate, el sector privado y el sector obrero tienen fuertes discusiones esa noche. Recuerdo que el presidente Ernesto Zedillo estaba en Los Pinos y él no intervino en todo este proceso de negociación entre los tres sectores. Incluso la respuesta del presidente Zedillo fue a través de Luis Téllez que fue su jefe de asesores, fue que el presidente estaba descansando y que no podía ser molestado en esa noche”.

En esa reunión, Serra planteó devaluar el peso 15%. El cuestionamiento general fue si tenía un plan bien estructurado para controlar la emergencia que ocasionaría un anuncio así y como la respuesta fue que no, se desató el nerviosismo que condujo a la debacle. “No fueron extranjeros los que fugaron los capitales como se dijo entonces, fueron fundamentalmente mexicanos que supieron con anticipación que había la posibilidad de que el gobierno entrara a la libre flotación del tipo de cambio, que eso en lenguaje sencillo quería decir una gran devaluación. Así que hoy ya sabemos que contra lo que se dijo entonces, no fueron extranjeros los que vaciaron las reservas, fueron mexicanos que tuvieron información privilegiada sobre lo que iba a suceder con el tipo de cambio”, afirma Carlos Salinas.

Tras el estallamiento de la crisis, México acudió a Estados Unidos en busca de un rescate. Luis Téllez, entonces jefe de asesores de Ernesto Zedillo, nos contó: “Lo que les explicamos es que estábamos viviendo una crisis de balanza de pagos como la que en muchos países habían vivido en el pasado, pero que la intensidad de la respuesta y la virulencia de los mercados era realmente sorprendente, que en el año anterior se habían perdido alrededor de 15 mil millones de dólares de Reservas, que teníamos 6 mil millones de dólares de Reservas en el Banco de México y que en el corto plazo México tenía que pagar, en el cortísimo plazo, en el siguiente mes y medio, México tenía que cubrir alrededor de 15 mil millones de dólares de vencimientos de instrumentos denominados en dólares”.

El Rescate de Estados Unidos a México tuvo un costo muy alto para el país. Un documento del Senado de la República titulado “Evaluación de la política económica de México durante el periodo 1995-2007 y sus repercusiones en la banca mexicana, la deuda pública y el bajo desarrollo del país”, sostiene que el gobierno tuvo que aceptar condiciones que en otras circunstancias habrían sido inadmisibles: “Larry Summers podía ser también muy habilidoso: fue idea suya la de poner una tasa de interés tan alta en el préstamo a México, para que los mexicanos se vieran obligados a pagar rápidamente. Es decir, el Gobierno Mexicano aceptó un trato inaceptable del subsecretario Summers”. Incluso, la factura petrolera mexicana fue puesta como garantía.

En esas circunstancias sucedió el problema enorme de la crisis que dejó a miles de familias mexicanas con deudas impagables, en la ruina y al sistema bancario al borde del colapso. El resto, como decíamos, fueron usos, abusos, fraudes y complicidades que, a río revuelto, privatizaron las ganancias e hicieron públicas las pérdidas.

Hoy, los bancos que operan en México están en otras manos, en su gran mayoría extranjeras, lo que está muy lejos de ser lo correcto para esta o cualquier otra economía. Los mexicanos continuaremos pagando la deuda del Fobaproa durante varios años más. ¿De qué tamaño y dimensiones es ese asunto? Vea el documental.

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Periodista y productor audiovisual

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