• Samuel Prieto Rodríguez

La bomba de The New York Times que estalló en los medios mexicanos


El estallido tuvo bastante impacto aun cuando The New York Times lanzó el misil particularmente sobre los periódicos mexicanos en pleno día de navidad, fecha en que lo común es que no haya noticias y todos estén distraídos recuperándose de la resaca. Firmado por el corresponsal Azam Ahmed, el texto traducido al español se titula “Con su enorme presupuesto de publicidad, el gobierno mexicano controla los medios de comunicación”.

¿Lo leyeron? Bueno, si no, aquí está el link. En la versión impresa del periódico apareció incluso en primera plana además con un subtítulo que, traducido al español, decía “Millones de dólares cada año, con condiciones: sin cobertura negativa”.

¿Es una nota, un reportaje, un artículo de opinión o en qué género periodístico lo ubicamos? No es una pregunta vaga. Si se trata de señalar a los medios, leerse las cartas entre gitanos, señalar a quien no vende piñas, curarse en salud o algo por el estilo, pues hay que hacerlo con estilo ¿no?

Comencemos con el título mismo. Califica como enorme el presupuesto de publicidad gubernamental lo que, todos sabemos, es cierto, pero puesto ahí con esa semántica ya implica un sesgo muy claro. El resto de la afirmación es un señalamiento directo no sólo al poder corruptor del gobierno sino a la ética de todos los medios de comunicación mexicanos. Sí, todos.

No es papel de este blog salir en defensa de nadie sino analizar lo que sucede en los medios. Además, cada uno de los señalados directamente, El Universal, La Jornada y Milenio, emitieron sus respuestas y defensas mediante sus propias páginas y sitios web.

Revisemos otras partes del texto de The New York Times. “Un 68 por ciento de los periodistas mexicanos dijeron que se censuraban, no solo para evitar ser asesinados, sino también por la presión de los anunciantes y el impacto en los ingresos de los medios, según un estudio realizado a lo largo de tres años por académicos mexicanos y estadounidenses”. ¿Cuál estudio? ¿Cuáles académicos? ¿De qué instituciones? ¿Cuáles son sus credenciales?

“Lea un periódico, sintonice una estación de radio o encienda la televisión en México y recibirá una avalancha de publicidad oficial. En algunos diarios, casi cualquier página es usada para publicar avisos que promueven alguna secretaría gubernamental. A veces, se destina tanto tiempo al aire a alabar el trabajo del gobierno como a cubrir las noticias”. Tan es cierto, que la Suprema Corte ordenó en noviembre al Congreso legislar el uso del dinero público destinado a la publicidad oficial antes del 30 de abril. Uno de los factores que influyeron fue el estudio de Fundar y Artículo 19 al respecto. Sin embargo, echar en un mismo saco la publicidad y el contenido periodístico es un claro maniqueísmo.

¿No? Bueno, veámoslo así: ¿alguien de ustedes vio una nota o reportaje que explicara con peras y manzanas la tan cuestionada, llevada y traída reforma energética? ¿Hasta este momento alguien la entiende con claridad? ¿O la educativa? ¿O los 47 mil kilómetros de carreteras, libramientos y caminos que el gobierno dice que ha construido? En rigor estricto, si la publicidad oficial no las hubiese dicho, de muchas de esas cosas no estaríamos ni enterados

Lo que vimos en las noticias por todos lados fueron discusiones sin mucho sentido en el Congreso, acusaciones de legisladores de izquierda señalando a los oficialistas de neoliberales y vendepatrias, el encarcelamiento de Elba Esther Gordillo, el desempeño público deficiente de un secretario de Educación diciendo “ler” en vez de “leer”, un fatídico socavón en un paso carretero inaugurado apenas tres meses atrás, muchas notas sobre cómo se inflaron los costos de muchas obras, cuestionamientos sobre la permanencia en el puesto del secretario de Comunicaciones y Transportes, escándalos y escándalos de gobernadores emanados del PRI encarcelados o perseguidos por su corrupción descomunal, y cosas por el estilo. Si acaso, lo que sí podemos tener muy claro es que la estrategia de comunicación del gobierno, con todo y los miles de millones que gasta, parece ser el peor de sus enemigos.

Entonces, si bien el exceso de publicidad oficial es cuestionable, ¿qué tanto afecta realmente a la libertad e independencia de los medios más allá de lo que sus directivos estén dispuestos a aceptar o de su capacidad para dialogar y lidiar con los dictados del poder?

Hay que decir que además de esa disposición de la Suprema Corte hay otros ángulos que contemplar. Por ejemplo, la ley electoral no permite a los partidos políticos el contratar espacios publicitarios en los medios electrónicos. El bombardeo de propaganda al que estaremos sujetos durante las campañas políticas de 2018 es a cuenta de los tiempos oficiales que tiene el Estado y que en esta temporada pasan a la administración del INE para esos propósitos.

Más aun, el corresponsal Azam Ahmed y The New York Times parecen dejar de lado una gran consideración, es decir, la de cortar con la misma tijera. En Estados Unidos también hay publicidad oficial y los directivos de los medios también tienen un diálogo y hasta una relación con el poder político. Para muestra, el botón de la abierta afinidad de Donald Trump con Fox News y su animadversión por CNN.

Incluso, el propio corresponsal defiende a capa y espada la independencia editorial del periódico para el que trabaja con respecto a la publicidad, mientras señala a los mexicanos de prostituirse por ella, como queda claro en este hilo de tweets.

En el espectro de los medios hay de todo. Oficialistas, opositores, izquierdistas, derechistas y cuantas etiquetas se nos ocurran. En la opinión pública hay posiciones de todo tipo incluyendo las que acusan a quien sea de vendido si no está de acuerdo con sus puntos de vista. Eso no es privativo de México. En cuanto a medios informativos, hay dos tipos de países: unos en donde el gobierno presiona a la prensa directa o sutilmente y otros que la mantienen tan controlada que le dictan lo que debe publicar y lo que no. La diferencia es qué tan democrática o autoritaria sea la autoridad.

#Periodismo #Fenómenosmediáticos

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Periodista y productor audiovisual

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