• Samuel Prieto Rodríguez

Movimiento Naranja, exitoso jingle publicitario para posicionar... ¿qué?


Como creación publicitaria, el jingle de Movimiento Naranja es todo un suceso. En YouTube acumula vistas por millones. Cumple su papel de mantener una imagen de marca: letra pegadiza, ritmo contagioso y una figura emocional que en este caso es la de un tierno, alegre y talentoso niño huichol que a estas horas es toda una estrella.

Es de las piezas musicales sensación en plataformas de streaming tan fuertes como Spotify, hay ringtones, y hasta versiones remix en los antros.

El mérito es doble o triple porque no es una rola sino un mensaje publicitario que además es de un partido político. El marketing en redes también tiene mucha fuerza.

En esta ocasión, la suma de los factores fue lo que hizo al hit. El jingle no es nuevo, ha aparecido en spots de campañas electorales desde 2014 pero esta versión es, por mucho, la más exitosa.

El cantante, Yuawi López de 8 años, originario de la sierra en Los Altos de Jalisco, aun con su edad tan corta no es ningún improvisado. Es integrante de la banda de rock huichol Venado Azul en la que es conocido como Venadito; apareció en el documental Hecho en México, producido por Televisa en 2012, y participó en la segunda generación de La Academia Kids Lala, reality show musical transmitido en 2014 por TV Azteca.

El compositor es Moisés Barba González, Moy Barab para los cuates, quien ha hecho otros jingles para Bonafont, las Chivas de Guadalajara, Juegos Panamericanos, Nike y Televisa Deportes, pero difícilmente tendrá otro éxito parecido a este.

Muy bien. La estrategia publicitaria y el trabajo creativo son sobresalientes. Ahora, ¿qué cuernos es el Movimiento Naranja? Bien a bien ¿qué anuncia? Bueno, si no nos distrae mucho el ritmazo que se carga, sí alcanzamos a saber que se trata del partido político Movimiento Ciudadano. ¿Alguien tiene aunque sea una idea vaga de cuáles son sus ideas o qué propone? Es más, ¿quién demonios es su candidato?

Ok. Movimiento Ciudadano es un partido con ideología socialdemócrata, ubicado como de centroizquierda en el espectro político, su dirigente nacional es el veracruzano Dante Delgado Ranauro, ex gobernador interino del estado entre otros cargos públicos. En 1996 fue encarcelado por 15 meses en medio de acusaciones de corrupción y desvío de recursos por 450 millones de pesos que nunca quedó claro si robó o no.

Como partido político, Movimiento Ciudadano no está tan posicionado entre los votantes más allá de su jingle pegadizo porque lo usual es que participe electoralmente en coaliciones o alianzas según los intereses que tenga en el momento. En 2006, por ejemplo, fue parte de la Coalición Por el Bien de Todos junto con el PRD y el PT que postularon a Andrés Manuel López Obrador. Lo mismo sucedió con el Movimiento Progresista en 2012.

Para este 2018, AMLO ya no es la figura del Movimiento Naranja sino su contraparte de la derecha, el panista Ricardo Anaya, dentro de ese mazacote ideológico que es la coalición Por México al Frente (PAN-PRD-Movimiento Ciudadano).

De regreso al jingle de Movimiento Naranja que causa tanta sensación, ¿alguien lo asocia mentalmente con el partido político que lo lanzó y el precandidato presidencial que tiene? Digo, porque visto así, termina siendo un desperdicio creativo y de millones de pesos en producción de la pieza musical, el video y los tiempos oficiales en radio y televisión que se utilizan para transmitirlo.

Ya que andamos en este asunto de la publicidad de las precampañas, básicamente es una muy molesta y costosa tomadura de pelo, ¿no? Veamos otros casos.

El Instituto Nacional Electoral y la Suprema Corte de Justicia habían establecido que los precandidatos únicos no deberían aparecer en anuncios de radio y televisión de sus partidos, alianzas o coaliciones durante el período de precampaña, del 14 de diciembre al 11 febrero, porque no están compitiendo en una contienda interna. Es decir, para efectos prácticos en este caso, Andrés Manuel López Obrador, José Antonio Meade y Ricardo Anaya.

Entonces, ¿por qué Meade y Anaya sí aparecen? Bueno, porque la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación lo permitió siempre y cuando al final de los promocionales se expresara, por medio de un cintillo o una voz, que los mensajes son dirigidos a la militancia y a los simpatizantes o, como en el caso del PRI, a la convención de delegados.

¿Para qué utilizar medios tan masivos como la televisión abierta si los mensajes tienen destinatarios muy específicos? Ese no es el límite del absurdo. Resulta que la medida es complementada con el envío de las pautas publicitarias al público objetivo. Es decir, cada uno recibe una lista de horarios y estaciones de radio y televisión para ver los anuncios de sus respectivos precandidatos. O sea, ¿no era más adecuado enviarles la publicidad en folletos o por medios electrónicos en vez de la simulación de utilizar medios masivos respaldada con justificaciones legaloides?

Aquí mismo, en El Despacho del Productor, hicimos unas cuentas que resultaron de miedo justo antes del inicio del bombardeo de spots. Durante todo el proceso electoral, la suma de anuncios a transmitir arroja un total de 59 millones 731 mil 200. Si fuera posible ponerlos todos uno tras otro, durarían 56 años, 9 meses, 1 semana y 6 días.

Hay que decir que a la hora de las campañas ya en forma, cuando todos los electores mexicanos deben decidir por quien votarán, alguna utilidad tienen. Pero en la etapa de las precampañas, cuando todos pero en realidad nadie está buscando la postulación de su partido porque ya la tienen, son 11 millones 184 mil spots, cada uno de 30 segundos, es decir, 1,533 horas de televisión y radio prácticamente tiradas a la basura.

Mucha basura, ¿no?

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Periodista y productor audiovisual

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