• Samuel Prieto Rodríguez

Roma y el cine mexicano


El éxito de Roma es su fórmula. No hay secreto: contenido de calidad y marketing. Si algo ha estado haciendo este filme con el cine mexicano es evidenciar justamente los defectos de su estrategia institucional.

Si bien la obra de Alfonso Cuarón recibió apoyos del Imcine mediante el estímulo fiscal del Eficine 189 y del Fidecine, queda claro que el enfoque de las empresas detrás de la producción es de mucha mayor amplitud de miras. Participant Media es una compañía dedicada a la coproducción y financiamiento de contenidos audiovisuales enfocados a estimular el cambio social y Esperanto Filmoj es propiedad del mismo Cuarón, es decir que además de escribirla, dirigirla y hacer la fotografía, asumió también buena parte del riesgo de negocio y por lo tanto un papel activo en asegurar el éxito de su producto, como decíamos, con contenido de calidad y marketing.

Los resultados saltan a la vista. El fenómeno es tal que arranca el año como el filme más comentado sobre México en el país y fuera de él en mucho tiempo, seleccionado para competir por la categoría de mejor película de habla no inglesa en la entrega del Oscar y galardonado con tres premios de la Sociedad Nacional de Críticos de Cine de Estados Unidos por mejor película en lengua extranjera, mejor director y mejor fotografía. Si por casualidad eso es poco, también se llevó el Golden Globe por mejor película en lengua extranjera y mejor director.

El rodaje comenzó en 2016 y para abril de 2018 se anunció que Netflix había adquirido los derechos para su distribución. Comenzaron las críticas usuales basadas en el axioma clásico de que "el cine se ve en el cine". ¿Negativo? Por supuesto que no. Esa fue una de las circunstancias propicias para el desarrollo de un plan de marketing fuera de serie.

La cinta se estrenó el 30 de agosto en el Festival Internacional de Cine de Venecia donde resultó ganadora del León de Oro a la mejor película. Siguió el Festival de Cine de Telluride, el Festival Internacional de Cine de Toronto el 10 de septiembre, el Festival Internacional de Cine de San Sebastián el 27 de septiembre, y el Festival de Cine de Nueva York el 5 de octubre.

Claro, los grandes circuitos de la cinematografía son muy importantes pero no necesariamente los vehículos para despertar el interés de los cinéfilos de a pie. Utilizando muy inteligentemente su propio contenido, la revelación de Yalitza Aparicio y su historia inspiradora de talento, origen indígena y triunfo desde la desventaja, el esfuerzo y la oportunidad se convirtió en el mejor storytelling, la herramienta por excelencia para el buen marketing.

El argumento de que la exhibición de Roma en un SVOD dejaría a muchos millones de mexicanos sin la posibilidad de disfrutarla, sirvió perfecto como parte del plan para crear y maximizar la expectativa. El 1 de septiembre se estrenó en el Cine Tonalá de la Ciudad de México y para noviembre se exhibió en el Festival de Cine Puy ta Cuxlejaltic (Caracol de nuestra vida), en el Caracol de Oventic, en la zona zapatista del estado de Chiapas. Del 7 al 11 de diciembre se proyectó en el Complejo Cultural Los Pinos, la otrora residencia oficial de los presidentes mexicanos, y en muchos otros sitios emblemáticos como la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco. Todo eso, mientras se desarrollaba una polémica en las redes sobre por qué los grandes exhibidores mexicanos, Cinépolis y Cinemex, no accedían a ponerla en sus salas con tan pocos días previos al lanzamiento en Netflix que se programó para el 14 de diciembre.

Se llama visión. Contenido de calidad y marketing.

El cine mexicano común, en cambio, continúa apegado lo más posible al paternalismo y los subsidios gubernamentales. Ganar no importa porque no hay nada arriesgado. Lo más que sufren los cineastas es tener que pasar por las penurias propias de quien pide una limosna.

Hace años que se pone atención a la cantidad, al punto de estrenar tantas películas como en la época de oro del siglo pasado, al ritmo de prácticamente una por semana, pero muy lejos de ese brillo. En el mejor de los casos, bastante buenas pero sin impacto alguno ni trascendencia; en el peor, bastante malas, hechas por los de siempre haciendo lo mismo de siempre. Éxito de taquilla no hay, ni interés de los exhibidores por ponerlas en sus salas, poca asistencia de espectadores y tampoco importa.

Aquí mismo, en El Despacho del Productor lo hemos planteado desde hace tiempo: ¿y si en vez de producir mucho, de bajo presupuesto, en su mayoría chafa, chambón y sin visión de calidad y negocio, mejor apostamos por pocas obras cinematográficas pero con todos los recursos financieros, técnicos y creativos para que sean geniales y memorables, tanto que los distribuidores y exhibidores luchen por tenerlas en sus pantallas, los espectadores por verlas y sean éxitos de taquilla?

Hay el potencial. En el mismo 2018 hubo un caso que destacó pero se desinfló por la falta de clic entre un buen contenido que sí había con un marketing correcto que no apareció por ningún lado.

Aquí hicimos el análisis: Ana y Bruno, filme de animación dirigido por Carlos Carrera, costó cinco millones de dólares, que es varias veces lo que cuesta una película mexicana promedio. Aun así el presupuesto pudo haber llegado a los 40 millones si se hubiese realizado en el extranjero. Su calidad audiovisual, su guion, sus personajes y el conjunto son de primer nivel al punto de que no le pide nada a producciones de Disney o DreamWorks en prácticamente ningún aspecto.

Aun así, su paso por las salas de cine mexicanas no tuvo mayor gloria y sí mucha pena. Mientras lo común es que una película recupere su inversión con la taquilla de su país de origen, eso estuvo muy lejos de suceder mientras que en 2017, Coco, de Disney, tuvo nada más en los primeros 10 días de exhibición en México ingresos superiores a los de todas las películas nacionales de ese año juntas.

La disminución de 43 millones de pesos al presupuesto del IMCINE para este año no tendría que escandalizar a nadie y tampoco los recortes recurrentes que vio durante la administración anterior.

Hay que replantear la estrategia. Producciones autofinanciables que rindan ganancias reales. Contenidos de calidad con historias bien contadas y personajes entrañables por un lado. Por el otro e igual de importante, un marketing de muy alto nivel. Una cosa sin la otra simplemente no funciona. Hay que salir al mundo a competir.

#Cine #Marketing

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Periodista y productor audiovisual

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