• Samuel Prieto Rodríguez

El crecimiento vertiginoso de El Heraldo


El crecimiento de Heraldo Media Group es realmente vertiginoso y llama todavía más la atención porque la situación general del sector de los medios informativos es exactamente la contraria.

Veamos. La primera edición de El Heraldo de México en su época actual, salió a la circulación hace tan poco como el 2 de mayo de 2017.

El nivel de contenidos de su portal web es equiparable al de los que operan los diarios más grandes y a los pocos meses de su arranque lanzó una barra de producciones audiovisuales en Facebook Live y YouTube como preparación hacia el canal de TV de paga que inició transmisiones por IZZI el pasado 22 de mayo.

Menos de un mes después, el 16 de junio, un comunicado conjunto de Grupo Andrade, matriz del El Heraldo, anunció que adquirió de otro conglomerado multimedia, el Grupo Imagen, dos estaciones de radio: la ubicada en el 98.5 de FM en la Ciudad de México y la sintonía 100.3 FM en Guadalajara.

Igual que con la televisión, la empresa había incursionado previamente en el medio con un noticiero de mediodía transmitido por ABC Radio en 760 de AM en la CDMX desde el 14 de enero, bajo la conducción del periodista Salvador García Soto.

Con la entrada de lleno a la radio y la televisión lineal además de la prensa impresa y online, la inversión en equipos técnicos y en talentos no ha sido pequeña. Alberto Aguilar, Alejandro Cacho, Carlos Mota, Jesús Martín Mendoza, Martha Anaya, Manuel Zamacona, Sergio Sarmiento y Guadalupe Juárez, Víctor Sánchez Baños y bastantes pesos pesados más del periodismo, circulan por sus páginas y producciones auditivas y audiovisuales.

¿Por qué todo ese crecimiento en tan poco tiempo llama tanto la atención? Echemos un vistazo a lo que sucede en otros medios.

Las televisoras más importantes del país lidian con crisis severas desde hace un lustro al menos. El Grupo Imagen vendió, como ya decíamos, dos de sus frecuencias radiofónicas para hacerse de recursos y así fortalecer su cadena nacional de televisión y la de radio e incluso ha hecho amplios recortes de personal en todas sus divisiones y hasta cerró sin aviso previo, el 8 de marzo, la franquicia en México de The HuffPost que operaba.

Uno de los grupos radiofónicos más grandes, Radio Centro, mantiene apagadas sus cinco frecuencias de amplitud modulada en la capital mexicana y está deshaciéndose de muchos otros activos para hacer frente a su muy abultada deuda. El martes 25 de junio anunció la disolución de su alianza con Grupo Siete, lo que implica devolverle la operación de la sintonía 92.1 FM.

Los episodios en que la crisis de los medios ha llegado a puntos climáticos son varios y han pasado desde hace tiempo. El 15 de agosto de 2018, Milenio despidió a una cantidad grande de empleados, pasando incluso por mandos medios y colaboradores emblemáticos. Hacia el final de ese mes, el periódico Reforma también hizo un recorte extenso de personal y se deshizo de plumas esenciales en sus páginas como José Woldenberg, Lorenzo Meyer y Sergio Segura.

Son solo algunos ejemplos, pero es justo en ese contexto que llama especialmente la atención el crecimiento descomunal y acelerado de El Heraldo. Claro, también hay que notar que su enfoque editorial y su plantilla de comunicadores tienen los equilibrios suficientes para no volcar su entramado institucional en favor o en contra de chairos o fifís, amlovers o amlohaters, cuartotransformadores o chayoteros conservadores.

Visto así, al menos a la primera y simple vista, por un lado no puede señalársele como un grupo de medios con una expansión basada en favoritismos del gobierno, como ha sucedido en épocas pasadas; por otro, se aprecia como una apuesta empresarial robusta para el largo plazo, la evolución tecnológica y el desarrollo de contenidos acorde con esos cambios.

La fuente de su capital es la familia Mieres, dueña de Grupo Andrade, empresa poderosa con más de 90 años operando concesionarias automotrices de prácticamente todas las marcas. Uno de sus socios principales, por supuesto, es Roberto Henaine, dueño del cabezal.

Toda apuesta implica grandes riesgos. Esta, en particular, tiene muchos considerando que la competencia entre medios tradicionales y nativos digitales tiene pulverizadas a las audiencias. Para sobrevivir y sobresalir, ya no basta con el alto valor de ser objetivo. Hay que ser creativo, innovador y disruptivo, y en eso El Heraldo no está precisamente distinguiéndose.

Si eso es poco, hay una sobresaturación en el mercado de los medios informativos. Los periódicos impresos tienen cada vez menos circulación sustituidos cada vez más por apps y portales web, además de que los gigantes tecnológicos Google y Facebook tienen monopolizado el control de las vistas con el pretexto de su batalla contra las fake news en todo el mundo.

En televisión, en México ya hay muchos canales dedicados a la información: adn40, Excélsior TV, Foro TV y Milenio Televisión entre otros. En radio, la cosa no es distinta. Nada más en la CDMX, de 27 estaciones al aire, 12 tienen programación de noticias y opinión.

En ese entorno, veamos qué tal le va a la apuesta de El Heraldo en el mediano y largo plazo.

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Periodista y productor audiovisual

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