• Samuel Prieto Rodríguez

Redes sociales en el fuego cruzado



El aparato se echó a andar y no tiene intenciones de detenerse. Regular las redes sociales es toral y urgente. Es año electoral, la guerra de cacayacas calienta motores, el presidente de México es un bully asiduo y troll de cuello blanco, así que es necesario hacer que las redes sociales no hagan aquí lo que le hicieron a Donald Trump luego de que incitó a la violencia del 6 de enero contra el Capitolio.


En la mañanera del día siguiente, López Obrador emitió su posición y de paso las instrucciones para la 4T:


“Algo que no me gustó ayer de lo del asunto del Capitolio, nada más que respeto, respeto, pero no me gusta la censura, no me gusta que a nadie lo censuren y le quiten el derecho de transmitir un mensaje en Twitter o en Face, no estoy de acuerdo con eso, no acepto eso. (...) Eso es un asunto de Estado, eso no es un asunto de las empresas. Este es un tema importante porque aquí nos han querido censurar, bueno, hemos padecido de censura siempre, celebramos la nueva etapa, el del ingreso a lo social, a lo político, de las redes, el que ustedes puedan libremente manifestarse, expresarse. Pero imagínense que Twitter como empresa decida: ‘Usted no, porque lo que está diciendo es nocivo, perjudicial o daña’”.



Esa es la sintonía de la iniciativa que Ricardo Monreal lleva días empujando justo en las redes y que puso sobre la mesa en cuanto inició el nuevo periodo ordinario de sesiones en el Congreso. Sus argumentos:


“Es ineludible hablar de las redes sociales para garantizar la libertad de expresión y el cumplimiento de las obligaciones constitucionales a las que estamos sujetos. (...) Los estándares de protección a los derechos fundamentales como lo es el derecho humano de la libertad de expresión en el ciberespacio no deben de ser regulados por empresas privadas sino por el órgano democrático y soberano ya que corresponde únicamente a este manifestarse respecto del catálogo de Derechos Humanos que derivan directamente de la Carta Magna. Si bien los Derechos Humanos han sido un límite a los poderes establecidos para evitar abusos, en el mismo sentido deben serlo respecto de la actuación de los particulares. Por lo tanto se considera justificado proteger la libertad de expresión en las redes sociales”.



Ok, senador. Pero la Constitución ya dispone los límites de la libertad de expresión que, en efecto, no es un derecho absoluto. El Artículo Sexto establece: “La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, la vida privada o los derechos de terceros, provoque algún delito, o perturbe el orden público...”


¿Hay legislación reglamentaria? Claro. Por ejemplo, el Artículo 51 del Código Penal Federal establece que “cuando se cometa un delito doloso en contra de algún periodista, persona o instalación con la intención de afectar, limitar o menoscabar el derecho a la información o las libertades de expresión o de imprenta, se aumentará hasta en un tercio la pena establecida para tal delito”.



Pero de regreso a las motivaciones de la iniciativa, para el gobierno se hizo más evidente que regular las redes sociales es primordial para sus intereses políticos con la riña que desató el propio presidente el 20 de enero contra Hugo Rodríguez Nicolat y su desempeño como director de políticas públicas de Twitter México y Latinoamérica.


“Aquí quiero aprovechar: El director de Twitter en México era militante o simpatizante muy cercano al PAN, el que actualmente maneja Twitter, fue hasta asesor de un senador famosísimo del PAN. No sé si… ¿No tienen ahí la…? Porque me encontré eso y como mi pecho no es bodega… Sin embargo, sólo esperamos que haga su trabajo de manera profesional, que no promuevan la creación de granjas de bots”.



Claro, Twitter reviró pero con el cuidado corporativo de no caer en el intercambio de reproches y reclamos.



La situación se tensó más porque, igual que la de Trump y otras cuentas en el mundo con discursos de odio, manipulación o spam, Twitter suspendió varias en México, entre ellas las de @Miriam_Junne, @ElReyTuitero y @LOVREGA, conocidas por defender fieramente a la 4T y confrontarse con usuarios que la critican o al gobierno.


De inmediato se generalizó el hashtag #TwitterCensura y otros usuarios atizaron el tema señalando el supuesto panismo de la red de microblogging. Uno de ellos, el caricaturista Rafael Barajas ‘El Fisgón’ quien también es un prominente ideólogo morenista, director del Instituto de Formación Política de ese partido.



De nuevo, Twitter respondió.



La iniciativa que firma el senador Ricardo Monreal no implica reformas constitucionales sino a la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión, así que para Morena y sus socios políticos no representaría mayor problema sacarla adelante en el Congreso ya que únicamente se requiere mayoría simple.


Aun así, el tema desata pasiones, disensos y cejas levantadas. Antes de presentar formalmente la propuesta, el legislador busca acercamientos con Twitter y Facebook. Sostiene que no se trata de “censurar, eliminar ni obstaculizar el derecho a la libre expresión de las ideas. Al contrario, protegerlo y que no sea un ente privado, por muy poderoso que sea, por muy rico que esté en materia económica, el que decida qué personas y qué contenido suprimir de su red, porque todos se conectan a redes públicas, que es el internet y el ciberespacio”.


La Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, también está a bordo. “Tenemos ya un equipo de colaboradores en la Unidad de Medios con el doctor Roberto Duque para avanzar cuando menos en algún tipo de reflexiones y sobre todo analizar el contexto mundial sobre la regulación o no de estas redes sociales y qué países han avanzado, qué países tienen una regulación, hacer un estudio comparativo de diversos derechos, un derecho comparado para saber exactamente cómo están siendo reguladas en otros países y cómo podemos o no avanzar en algún tipo, subrayo, cómo podemos avanzar o no en algún tipo de regulación. Analizar la iniciativa que presentará el coordinador, el senador Monreal y en su momento y en su caso apoyarla”.



Tal vez no haya que ir muy lejos para el análisis. El capítulo 19 del T-MEC sobre Comercio Digital define: “servicio informático interactivo significa un sistema o servicio que proporciona o habilita el acceso electrónico de múltiples usuarios a un servidor informático”, criterio que aplica con precisión a las redes sociales. Establecido eso, el Artículo 19.17 dispone:



Es decir que regular las redes sociales bajo la premisa de que es el Estado el que debe hacerlo, si bien tiene una lógica jurídica, violaría el tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá.


Pero, objetivamente, ¿cuál es el problema? Con la argumentación sobre el cierre de cuentas en México, Twitter actuó incluso apegado al texto constitucional que marca el límite a la libertad de expresión cuando de trata de “ataque a la moral, la vida privada o los derechos de terceros”. Los términos y condiciones están claros y son públicos. En este sentido son equivalentes a los códigos de ética que las estaciones de radio y televisión deben tener de acuerdo con el Artículo 256 de la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión como una herramienta legítima de autorregulación.


Por otra parte, ¿son las redes sociales y sus políticas realmente el problema o es la conducta de los usuarios? En México, el gobierno, los partidos políticos y agentes privados pagados por los primeros dos, son los principales manipuladores de la opinión pública en las redes sociales, de acuerdo con el estudio Industrialized Disinformation 2020. Global Inventory of Organized Social Media Manipulation (Desinformación industrializada 2020. Inventario global de manipulación organizada de redes sociales) del Oxford Internet Institute, que estudia cómo 81 países utilizan las redes sociales para difundir propaganda digital y desinformación.



Más aun, en nuestro país el presidente no es el cohesionador de la sociedad sino su polarizador más influyente.


Así el panorama. Ahora quitémonos las telarañas de la cabeza: ¿afectaría de alguna manera la regulación de las redes sociales que busca? En realidad no. Engancharse con haters, bots, trolls, fake news y demás especímenes está en cada usuario y sus demonios. Así es la libertad.